LOS MANGAS DE ANDRES


Hoy: DEATH NOTE Vol.3
Después del bajón que significó el segundo tomo, el mega-cebamiento que genera Death Note vuelve a justificarse con el tercero. Y no porque Ryuk haya recuperado algo del protagonismo perdido, porque pobre bicho, sigue pintado al óleo, más intrascendente que un Arsenal- Atlético de Tucumán emitido un viernes a las 19 hs. La serie vuelve a levantar porque el turro de Tsugumi Ohba se las ingenió para llevar la tensión entre L y Light a niveles asfixiantes. La movida de L, tan osada como la de Light en el tomo anterior, es brillante y pone a Light a milímetros de quedar expuesto como Kira. Enseguida se arma un histeriqueo alucinante entre ambos: “Yo no digo que seas Kira, pero tampoco dejo de sospechar”, “Bueno, pero me tratás como si yo fuera Kira”, “Es que no sé si no sos, pero quiero creer que no sos”, “No, pero si te quiero ayudar es porque no soy”, y así, hasta que ya no sabés si lo que ocultan son sus verdaderas identidades o un romance homosexual. Pero está muy bueno, encaja perfecto con la forma en que razonan dos chicos de 18 años más inteligentes que el pelotudo promedio.
Esta vez, ese duelo de intelectos, donde todo lo que se dice y hasta lo que NO se dice puede desequilibrar la balanza, viene condimentado con un poco más de acción, y con un mayor protagonismo de un personaje hasta ahora bastante sub-aprovechado: el papá de Light, capo de la policía a cargo de la investigación. Baqueteado por el stress y todo, el veterano Soichiro Yagami saca pecho, ruge como un león herido y pela una chapa (y un peso en la trama) que pocos le sospechábamos.
De todos modos, el sacudón brutal al status quo de la serie (que esperemos sea para mejor) no viene por ese lado. Sin dudas lo más impactante es la aparición de un segundo Death Note en nuestra realidad, acompañado de un segundo shinigami y en manos de una minita, Misa, que habrá que ver de qué la juega. En las poquitas páginas que aparece, da la sensación de ser una boluda frívola y creída, pero esperemos que su rol vaya más allá de calentarle la pija a los lectores. La aparición de un segundo Kira es un elemento potencialmente muy rico, que le puede dar mucho jugo a la relación entre Light y L. Bien usado. Mal usado, puede resultar un faux pas atómico y dejar a la serie en zona de promoción. Veremos para dónde agarra el compañero Ohba.
Por su parte, Takeshi Obata ya está más allá del bien y del crack. Lo suyo es de un nivel tan mortífero, que deja a los otros mangas hiteros muy, muy mal parados. En este tomo, TODO está magníficamente dibujado, pero la secuencia del partido de tenis entre Light y Kira es verdaderamente memorable. Agarrá cualquier tomo de Prince of Tennis y ahí lo tenés al amargo de Takeshi Konomi, que muestra cómo hacer lo mismo que hizo Obata, pero mal. El partido de tenis de Obata es vértigo, emoción e impacto en su estado más puro. Es la visualización “física” del combate intelectual entre los personajes, a tal punto que te hace sentir que más que una pelotita, lo que va de un lado al otro de la red es una ojiva nuclear con poder para devastar un continente. El tipo dibuja mansito tooooodas esas páginas de cabecitas que hablan, pero cuando el guión lo deja zarparse, te detona el bocho con secuencias como la del tenis, o la del camión blindado en el canal de televisión, que te pone los pelos de punta.
Nada, ojalá esto siga así, siempre al límite, y no derrape. Este tomo sembró lindo para los siguientes y no veo la hora de ver qué cosechan para nosotros Ohba y Obata.

2 comentarios:

El Critico Citrico dijo...

Lastima que solo han salido 5 tomos de DN y LARP la tiene parada desde mayo. ¬¬

La entrada de Misa es lo mejor pero lastima que después vienen los de Yotsuba.

A este ritmo voy a tener que releer el tomo 5 para acordarme como iba la serie. ;p

Nicolás dijo...

Excelente review (y el tono en que esta escrito)! Lo lei hace poco el tomo, coincido mucho en todo y lo del partido de tenis, a pleno.

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